“Una suerte de ejercicio metapictórico, emanado de una profunda introversión sobre la propia práctica artística, que le permitiese recuperar el oficio -volver al ejercicio artesano de los pinceles despreocupándose del asunto- y concederse un tiempo sosegado para sí y su plática, que pretendía quedarse ahora desvinculada, durante un impás necesario, de su pensamiento.”

Juan Manuel Martín Robles