Rubens

“Los desastres de la guerra”, de Rubens, en el Palazzo Pitti, Florencia

Hace poco, algunos medios pusieron sobre la palestra algo que ya se sabía -pues más de un especialista se ha ocupado de ello- desde hace tiempo; el Guernica de Picasso es, simbólica y compositivamente, una variación del cuadro de Rubens “Los horrores de la guerra”, conservado en el palacio Pitti de Florencia. Como Rubens, Picasso usa la alegoría para concebir su obra; en ambos casos la acción transcurre en lugares genéricos, no identificables con la realidad, y las figuras y elementos representados no son retratos de personajes históricos, con nombres y apellidos, sino figuras simbólicas.

La estructura compositiva del Guernica, la colocación de las figuras y hasta la postura y expresión de cada una, vienen a coincidir con la imagen de Rubens si la colocamos invertida.

Empezando por la derecha, en ambos cuadros hay una mujer junto a un edificio que levanta los brazos en gesto desesperado (representa a Europa en Rubens y a España en Picasso). A continuación, la Venus de Rubens que intenta detener a un Marte que marcha al combate, es la mujer del quinqué con el brazo estirado en Picasso. Por el suelo andan la Armonía y un arquitecto -arrollados ambos por el efecto devastador de la guerra- en el cuadro de Rubens; una mujer agachada y un cadáver pisoteado ocupan su puesto en la composición picassiana. En el extremo izquierdo, ambos pintores han representado a sendas madres aterrorizadas con sus hijos en brazos. La figura de Marte y la del genio de la guerra de Rubens, han sido trocadas en toro y caballo, respectivamente, por Picasso; la potente bombilla que el malagueño ha colocado en su obra, viene a coincidir, en su ubicación, con la antorcha que porta el genio de la guerra pintado por Rubens. A todo ello ha de unirse una más que posible inspiración en un filme del año 1933 estrenado en París, titulado “Adiós a las armas” y que casi con total seguridad fue visionado por el pintor malagueño; una acción que transcurre de noche, siempre de derecha a izquierda, con los actores fuertemente iluminados -como sucede en el Guernica- y varios elementos tomados directamente como el caballo encabritado, el cadáver por el suelo y su mano temblorosa, la mujer con los brazos abiertos, la madre con el hijo… en fin., son muchas coincidencias.

Todo ello no resta el menor valor e interés a la obra picassiana; muy al contrario, honra a un autor que siempre demostró un profundo conocimiento del arte pretérito, que veneró a los antiguos y que, de continuo, versionó sus obras en una suerte de apasionado ejercicio metapictórico; deberían tomar nota aquellos que desde el absoluto desconocimiento de los grandes maestros pretenden innovar con las únicas armas del esnobismo y el infundado orgullo personal.

 

Publicado en Diario de Almería el 5 de julio de 2012


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