Giovanni Papini

“Dado que el arte ya no es el alimento que nutre a los mejores, el artista puede ejercitar su talento en todos los intentos de nuevas fórmulas, en todos los caprichos de la fantasía y en todos los recursos del charlatanismo intelectual. En el arte, el pueblo ya no busca consuelo ni exaltación. Los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencia buscan lo nuevo, lo extraño, lo original, lo extravagante y lo escandaloso. Y yo mismo, desde el cubismo y más allá, he contentado a esos maestros y a esos críticos con todas las rarezas cambiantes que se me pasaron por la mente, y cuanto menos las entendían, más las admiraban. Y divirtiéndome con todos esos juegos, con todas esas patrañas, he conseguido la celebridad y muy rápidamente. Y la celebridad para un pintor significa: ventas, ganancias, fortuna y riqueza. Y hoy, como usted sabe, soy célebre y soy rico. Pero a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme como artista en el sentido grande y antiguo de la palabra. Fueron grandes pintores Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya; yo solo soy un bromista que ha entendido su época y ha agotado, en cuanto ha podido, la imbecilidad, la vanidad y la codicia de sus contemporáneos. Amarga confesión la mía, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero con el mérito de ser sincera”.

Me he permitido reproducir, literalmente, una parte del texto de una supuesta entrevista a Picasso del periodista y escritor italiano Giovanni Papini (Florencia, 1887 -1956) aparecida en un libro que Papini publicó en Milán en 1951, titulado “El libro negro”, porque, como ven, no tiene desperdicio. Se trata de un libro, al parecer, de entrevistas ficticias a personajes célebres. Las palabras, demoledoras, que Papini pone por boca de Picasso, han sido reproducidas después en varias revistas francesas -Poitiers Université en abril de 1978, Universidad francesa en marzo de 1984 y otras- y algunos periódicos de tirada nacional en Francia y en España. Hay quienes hablan de una carta de Picasso al escritor con este mismo texto, pero yo no he encontrado prueba alguna de su existencia. Lo que si parece probado es que entre Papini y el pintor no existió la amistad que muchos dan por supuesta, y que justificaría la veracidad de las palabras picassianas. Los detractores de esta veracidad aluden a una maniobra orquestada por el propio escritor, quien habría inventado esas palabras con el único fin de desprestigiar a Picasso desde sus posiciones ideológicas, próximas al fascismo italiano. Sorprende, en todo caso, que a día de hoy no exista una investigación seria sobre este asunto, pues, de ser cierta la autenticidad de las afirmaciones picassianas, se tambalearían los postulados con que se edificaron las vanguardias del siglo XX.

 

Publicado en Diario de Almería el 27 de septiembre de 2012



  • egandalph

    Los primeros acordes de este “encuentro” hacen decir a Picasso: “Usted (Papini) no es ni crítico ni esteta, y por lo tanto puedo hablar con usted libremente. Cuando era joven tuve como todos los jóvenes la religión del arte, del gran arte…”. 

    Giovanni Papini, un miserable para muchos, acaso mantuvo una única lealtad en su vida: fue un honesto practicantes de esa religión, uno de sus Cardenales más puros. No es el primer ejemplo de escritor o filósofo o artista simpatizante (siempre teniendo en cuenta su manifiesto oportunismo) del fascismo; esto no parece tan lamentable, décadas después. O al menos debería ser igual de lamentable que la militancia de otros artistas (más afortunados) con esa otra ideología igualmente asesina, hermana de cuna del fascismo, aunque con mucha mejor prensa o connivencia: el comunismo. Lo que quisiera lamentar ahora es que la monumental obra de Papini, indudablemente un genio a la altura de Picasso, permanezca más o menos ignorada.